
Ya puestos a hablar de clonación creativa, qué mejor que el
Fab Lab, frasecita y concepto acuñados por Neil Gershenfeld, del Centro de Bits y Átomos del MIT. Vanguardista en conceptos como
wearable computing,
things that think, y
Internet Zero, Gershenfeld y sus intrépidos discípulos están construyendo Sistemas de Producción Móbil que ellos llaman ´Fabrication Laboratoriies´, o Fab Labs.
El Fab Lab es una factoría en miniatura para la era digital. La última versión consiste en tres Linux PCs, un cortador láser, una combinación de scanner 3D y máquinas industriales de cortar y montar, y un puñado de chips RISC. Una vez montado, se enciende, se pulsa el botón, y se empiezan a clonar objetos sólidos como monturas de gafas, Geypermans y además, radios y ordenadores.
El proyecto está en pleno desarrollo; se prevén modelos portátiles que ocupen su lugar junto a la fotocopiadora y la máquina de café. La próxima vez que vea alguno de esos inventitos japoneses tan chulos por ahí, bastaría con bajarse el archivo CAD con el modelo, y clonarlo. O quizás pedirle al chaval más
guay del barrio sus gafas de Dolce Gavanna un momentito, mientras le hacemos una réplica.
Desde aquí se escuchan los gritos de pavor de los protectores del Copyright; una manera más de copiar cosas sin pagar royalties. ¿O no?
Hay quien sugiere que la tecnología está preparada para clonar casi cualquier cosa; que lo único que falta es tener la máquina y la resina que necesita para construir el objeto sólido. Al igual que las impresoras y cámaras (tradicionales), la tecnología será asequible a casi todos. Será la materia prima (los cartuchos de tinta, el rollo de film) donde se generará el margen de beneficios: sin la resina, poco se podrá clonar. Y quien tenga en sus manos la producción de la resina, hará su modesta fortuna en la era de la Clonación Creativa.
Artículo en Wired Magazine.
El
Fab Lab, con sus herramientas y aplicaciones.
Área de investigación colaborativa.