Los Godanas | En Tierra Firme
Pedro A. Palacios | xaguar@gmail.com

Imagen: Marco Antonio Morales.
Asha alisa su cabello y adorna su vestido con piedras holográficas de todos colores y tamaños. La última moda importada de Europa. Sin lugar a dudas hay que verse lo mejor posible para el concierto de esta noche, en el que se dejarán oír ni más ni menos que “Los Godanas”: prodigios de esta tierra que andan haciendo sus pininos en estas cosas de la música acústica ultra trascendental guarra o mejor conocida como el root-retro.
-Y piensa Asha-: hay que llegar temprano, seguramente el lugar estará abarrotado y quiero estar cerca del escenario. Será inolvidable. Para cumplir con dicha premisa será necesario abordar alguno de los transportadores marfilados automáticos que aparcan a dos calles de aquí.
En el camino comprará una de esas botellas grandes de brebaje negro para mantenerse activa. No debe sorprenderle que entre tanto fanático y empujón le dé por desmayarse y qué mejor que ir preparada…
Yaro es un manojo de nervios. Se pasea de vez en vez observando su instrumento que en cambio, descansa plácidamente a unos pasos de él. Desde que entró a la banda, Yaro ha conocido el éxito y los privilegios de la gente famosa. Chinelas lumínicas de segunda generación, tálamos de viento, marcatiempos sin sombra… en fin, toda una colección de objetos rarísimos y ultramodernos que le dan ese aire de gente ilustrada y viajada cada vez que los menciona o los muestra.
Total, que la hora ha llegado: los instrumentos afinados y colocados, las luces inflamadas a tono; la gente impaciente y la llamada presurosa de “salgan ahora” por parte de uno de los organizadores.
Un tremor casi de veneración escandalosa llega al escenario cuando los Godanas hacen acto de presencia.
Suena la mbela y el griterío no se hace esperar. Yaro emerge haciendo sonar el kogiri y el concierto es un destello espectacular en los que el kora, el likembe y un par de grandes lingas sacuden la juventud de Asha, que se encontraba en primera fila. Todo es movimiento y alegría…
Hoy en día las estampas con gel que adornan el vestido de Asha y el decreto del rey en turno cambiando el nombre a los elefantes por el de “transportadores marfilados automáticos” (por parecerle más contemporáneo); no parecen trastocar en realidad las cosas en este lugar en donde se sigue considerando a la coca cola como un brebaje mágico revitalizador. A pesar de vivir en el 2050.
Aunque esta tierra de algún lugar de África sigue repleta de pobreza y olvido, casi inhóspita; Yaro podrá seguir presumiendo sus tenis de lucecitas, de que duerme en un colchón y de que alguien algún día, le regaló una cosa que se supone le dice el tiempo sin necesidad de ver la sombra. Aquí, en donde siguen sonando los mismos instrumentos desde hace más de dos mil años.
O quizá más.
Pedro A. Palacios | xaguar@gmail.com

Imagen: Marco Antonio Morales.
Asha alisa su cabello y adorna su vestido con piedras holográficas de todos colores y tamaños. La última moda importada de Europa. Sin lugar a dudas hay que verse lo mejor posible para el concierto de esta noche, en el que se dejarán oír ni más ni menos que “Los Godanas”: prodigios de esta tierra que andan haciendo sus pininos en estas cosas de la música acústica ultra trascendental guarra o mejor conocida como el root-retro.
-Y piensa Asha-: hay que llegar temprano, seguramente el lugar estará abarrotado y quiero estar cerca del escenario. Será inolvidable. Para cumplir con dicha premisa será necesario abordar alguno de los transportadores marfilados automáticos que aparcan a dos calles de aquí.
En el camino comprará una de esas botellas grandes de brebaje negro para mantenerse activa. No debe sorprenderle que entre tanto fanático y empujón le dé por desmayarse y qué mejor que ir preparada…
Yaro es un manojo de nervios. Se pasea de vez en vez observando su instrumento que en cambio, descansa plácidamente a unos pasos de él. Desde que entró a la banda, Yaro ha conocido el éxito y los privilegios de la gente famosa. Chinelas lumínicas de segunda generación, tálamos de viento, marcatiempos sin sombra… en fin, toda una colección de objetos rarísimos y ultramodernos que le dan ese aire de gente ilustrada y viajada cada vez que los menciona o los muestra.
Total, que la hora ha llegado: los instrumentos afinados y colocados, las luces inflamadas a tono; la gente impaciente y la llamada presurosa de “salgan ahora” por parte de uno de los organizadores.
Un tremor casi de veneración escandalosa llega al escenario cuando los Godanas hacen acto de presencia.
Suena la mbela y el griterío no se hace esperar. Yaro emerge haciendo sonar el kogiri y el concierto es un destello espectacular en los que el kora, el likembe y un par de grandes lingas sacuden la juventud de Asha, que se encontraba en primera fila. Todo es movimiento y alegría…
Hoy en día las estampas con gel que adornan el vestido de Asha y el decreto del rey en turno cambiando el nombre a los elefantes por el de “transportadores marfilados automáticos” (por parecerle más contemporáneo); no parecen trastocar en realidad las cosas en este lugar en donde se sigue considerando a la coca cola como un brebaje mágico revitalizador. A pesar de vivir en el 2050.
Aunque esta tierra de algún lugar de África sigue repleta de pobreza y olvido, casi inhóspita; Yaro podrá seguir presumiendo sus tenis de lucecitas, de que duerme en un colchón y de que alguien algún día, le regaló una cosa que se supone le dice el tiempo sin necesidad de ver la sombra. Aquí, en donde siguen sonando los mismos instrumentos desde hace más de dos mil años.
O quizá más.
Pedro A. Palacios | xaguar@gmail.com

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