Tuesday, March 08, 2005

En Tierra Firme: Sigue tu camino

por Enrique Mochales.
Ilustración: Rafael Ricoy.



(Dedicado afectuosamente a Joaquín Lavado)

Cariño, sé que ya no atiendes mis llamadas telefónicas, ni mis mensajes de correo, ni mi SMS, mi mis cartas, ni mis gritos telepáticos de amor, así que por eso te escribo desde esta esquina en la que solíamos quedar, o, más propiamente hablando, te dejo esta nota con rotulador, escrita en la pared de la esquina donde solíamos citarnos, para que no puedas pasar por aquí sin leer estas letras que ahora cruzan el muro de la calle y se acercan al primer bar donde tomábamos un café, éste cuya puerta mis letras besan, y he de detenerme un rato -como si saborease el aroma a café de tus labios- y hacer un punto (porque, al fin y al cabo querida, éste era uno de nuestros puntos de encuentro) antes de que mi pintada de amor doble el chaflán, por si acaso al dueño del bar no le gustan las cartas románticas, y menos aún garabateadas en su puerta.

Siguiendo con este discurso que ahora se aproxima a la ribera por la Calle de la Pelota, donde nunca vi un niño jugando muy a pesar de la nomenclatura callejera, rememoro esas tardes que pasábamos sentados en la acera, JUSTO AQUÍ -donde pone “justo aquí”- sobre la cual nos dimos los primeros abrazos, e ignoramos de una vez por todas las fastidiosas palabras que a veces sólo sirven para molestar a la gente que está sentada en la acera –a los cuales pido disculpas ante sus propios y atónitos ojos- y retrasar la hora de la verdad. ¿Es inútil que te escriba estas líneas que se acercan poco a poco a la ría, donde tal vez si acaso se mojen o se diluyan con el paso de la corriente, lo mismo que una vida se apaga y se olvida?

Espero que no, que mis letras, mi memoria, y mi experiencia como nadador en remolinos amatorios me den fuerzas para resistir la tentación de arrojarme POR AQUÍ, en este preciso alto de la barandilla, y que este intento desesperado y casi suicida de comunicarme contigo me otorgue, por gracia de la literatura de barrio, otra oportunidad... ¡que siempre me quede calle para escribirte, y asfalto, y paredes, y cemento para amarte! Espero que algún día decidas responderme, si lo deseas desde este mismo signo ortográfico del puente, en el que he nacido otra vez –como otro hombre diferente- y desde el cual no puedo sino terminar estas líneas con unos puntos suspensivos, y un “te quiero” (...)

Enrique Mochales.

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